«Si quieres ir rápido, camina solo… si quieres llegar lejos, camina acompañado.»

El martes 26 de mayo, los chicos de 6to año se pusieron las zapatillas, buscaron la mochila y salieron a caminar. Destino: el Pan de Azúcar, uno de los cerros más emblemáticos de la zona de Cosquín, que con sus 1.260 metros sobre el nivel del mar se recorta inconfundible en el horizonte serrano cordobés.
Una formación natural que los pueblos originarios de la región ya reconocían como punto de referencia, y que hoy sigue siendo un lugar de encuentro con la naturaleza y con uno mismo.
Caminar juntos
La idea era simple y profunda al mismo tiempo. Caminar juntos. Disfrutar la belleza de nuestra Casa Común. Y en el camino, entre el monte nativo, el aire limpio de la sierra y el sol que acompañó todo el día, ir reflexionando sobre esas actitudes que hacen el andar más pesado: el individualismo, la impaciencia, dejar a alguien atrás.
Lo de no dejar a nadie atrás, fue una dinámica, como un juego: esperarse en los tramos más difíciles, darse una mano, caminar junto al que iba más lento, reírse juntos.
Una vez arriba, llegó el momento de animarse a decir en voz alta cómo quieren seguir caminando este último año juntos. La respuesta que apareció, de muchas maneras distintas, fue la misma: tejiendo lazos.
La presencia de Jesús no hizo falta buscarla. Estaba ahí, simplemente estando. En el que esperó. En el que alentó. En el que compartió lo que llevaba. En la alegría de llegar juntos.
Una hermosa experiencia que el Pío guarda con gratitud.
Profe Virginia.


